EL RETO DE SER UN COLEGIO EN PASTORAL
Actualmente, dadas las condiciones socioculturales y económicas del mundo posmoderno y globalizado, los colegios religiosos estamos llamados a superar la figura de un Colegio con Pastoral, para convertirnos en Colegios en Pastoral.
Un Colegio con Pastoral es una especie de Centro Educativo con Parroquia incluida que se caracteriza por realizar, además de sus tareas pedagógicas, un conjunto de actividades propias de la Religión: Jornadas, Retiros, Celebraciones, Preparación para los sacramentos de la Reconciliación, la Eucaristía y la Confirmación, y otras. Hasta los ochenta esto estaba dirigido básicamente por los sacerdotes, religiosos y religiosas, algunas veces acompañados por un grupo bienintencionado de profesores amigos. En los 90 estas actividades fueron asumidas por equipos de pastoral, ya sea por vocación democrática, nueva visión eclesial o simple necesidad. En todo caso, las preocupaciones de esta mirada de la Pastoral eran el cómo mejorar las celebraciones, las clases de religión o las catequesis sacramentales. Esta concepción se caracteriza por hablar de Dios en espacios especialmente reservados a la pastoral, y genera una dicotomía entre lo pastoral y lo académico, entre la fe y la cultura. De este modo, así como existe un espacio Pastoral, existen muchos otros espacios donde la pastoral no aparece, por ejemplo, lo académico (contenidos, capacidades, evaluación, etc.), las actividades “no sacras”, la disciplina, los deportes, la administración, el presupuesto, etc. Se aprende que solo algunas cosas tienen relación con la fe y otras –muchas veces las más importantes- no. Esto se ve claramente en colegios con estructuras organizativas que separan lo pastoral del resto de la vida del colegio, ahondando el problema más importante de la Iglesia según los obispos de América Latina: el divorcio entre la fe y la vida.
Desde inicios de este milenio se viene revisando la identidad de la escuela católica en un mundo con múltiples propuestas educativas y religiosas (ver los documentos eclesiales) y se viene imponiendo el modelo de un Colegio en Pastoral, donde la pastoral es entendida como una de las prioridades de la escuela católica, como el principal factor de calidad y de identidad. Un Colegio en Pastoral es un Colegio donde todo, absolutamente todo, se intenta llevar con criterios propios del seguimiento de Jesucristo, tratando de salvar las distancias que el mundo de hoy ha construido entre la Fe y la Vida y entre la Fe y la Cultura. Donde no se habla tanto de Dios, pero se intenta mostrar a Dios en el día a día de la vida cotidiana de una escuela, evangelizando a través de la educación y del acompañamiento en comunidad. Un colegio en Pastoral es fundamentalmente una mirada de fe sobre el conjunto de la realidad educativa.
La pastoral no es, por tanto, un segmento o un aspecto aislado en el proceso educativo. Ha de pretender iluminar, dar sentido y coherencia al conjunto de la tarea educativa. Ha de comprometer el desarrollo académico, el tejido de relaciones entre los diversos actores del proceso y la repercusión de la obra educativa frente a la sociedad. “La Pastoral debe dialogar con las necesidades y/o reclamos más sentidos en cada etapa de la formación de los alumnos y alumnas. Está abierta siempre a una atención integral de la persona humana. Busca acompañarla en una lectura de fe sobre su proceso vital y el contexto que lo rodea. Contribuye a discernir en cada etapa las llamadas de Dios y alienta las respuestas más coherentes con aquellas interpelaciones que recibe en su vida. Impulsa a la luz del Evangelio y del magisterio de la Iglesia el compromiso social transformador de la realidad en fidelidad al Reino. Vela para que en el conjunto de la experiencia educativa se transmitan, asimilen y se asuman los valores del Evangelio, convirtiéndose en convicciones profundas en cada persona y en la Comunidad. Busca vincular la vivencia sacramental con la experiencia de vida”.
El modelo de Colegio en Pastoral debe ser fruto de una profunda revisión de las necesidades de los hombres y mujeres concretos a los cuales nuestras escuelas pretenden atender, y no me refiero solo a los alumnos, y debe inspirarse en la persona y la práctica de Jesús. Como él, no se trata de poner la vida al servicio de una propuesta religiosa, sino de poner la Buena Nueva del Evangelio al servicio de la Vida. Como él, se ha de andar por los caminos de la vida e ir iluminándola encarnando el Proyecto del Dios de la Vida, del Amor, de la Justicia y de la Esperanza.
La Pastoral se debe expresar en un Plan Estratégico Institucional a través del cual se realice el proyecto personal de vida de todos y cada uno de los miembros de la comunidad cristiana-educativa y de esta en su conjunto, a la luz de la propuesta del Evangelio. Creo que este plan estratégico debe sostenerse en un eje transversal (la evangelización a través de la educación) y cuatro pilares: excelencia académica, relaciones interpersonales profundamente humanas, formación de líderes y proyección social.
Esto supone revisar y reorientar toda la práctica escolar, la que aparece en los documentos y la que se oculta en los patios, en los pasadizos y hasta en los baños, desde la perspectiva del amor evangélico. A la luz del Evangelio: ¿Cómo debe ser la disciplina? ¿Qué se debe priorizar en el presupuesto y en el plan de inversiones? ¿Qué se ha de aprender y ante ello qué y cómo se ha de enseñar? ¿Cómo se debe manejar la evaluación y el acompañamiento de los alumnos, particularmente de los que muestran alguna dificultad? ¿Cómo se ha de acompañar, motivar y formar al personal? ¿Qué se debe elegir ante las modas y propuestas pedagógicas como las que presentan el Ministerio de Educación o el Bachillerato Internacional? ¿Cómo se han de articular y organizar las actividades, los deportes y otros asuntos extracurriculares? ¿Cómo se ha de trabajar lo específicamente religioso (jornadas, retiros, animación pastoral, clases de educación de la fe, ambientación, etc.)? ¿Cómo se debiera involucrar a los alumnos, padres de familia, docentes, personal administrativo y de servicio, exalumnos y religiosos en la vida del colegio? ¿Cómo se debe definir la calidad educativa? Todo, absolutamente todo, a la luz del Evangelio. Sin dogmatismo ni legalismos farisaicos. Con la profunda mirada misericordiosa del Padre, con la palabra verdadera y profética del Hijo, y con la energía y vida del Espíritu Santo.
Es evidente que esto es mucho más difícil y conflictivo que organizar las oraciones, los sacramentos, las jornadas y los retiros de la comunidad educativa. Pero si esto último fuera nuestra opción, habría que cerrar los colegios y abrir parroquias. ¿Qué nos pide Jesucristo hoy?
A la luz de los signos de los tiempos y mirando nuestra espiritualidad, creo que en un país como el nuestro, las escuelas católicas están llamadas no solo a ser escuelas de calidad pedagógica (exigencia también del Amor Evangélico), sino sobre todo, escuelas que den testimonio del Amor de Dios desde su ser escuela, y no además de ser escuela.
Finalmente, esta propuesta pedagógica-pastoral de un Colegio en Pastoral no se logra por decreto. Es una propuesta que se debe construir con claridad en las metas (tarea fundamental de las congregaciones) y con respeto a los ritmos de las comunidades (educativas) que los han de construir. Esto requiere formación, acompañamiento y mucha comunicación. Requiere firmeza, ternura, paciencia y esperanza. Requiere unidad en el Evangelio, pero diversidad en los caminos y en las personas.
SALUDOS.
ResponderEliminarLo escuché el pasado octubre en el Seminario internacional de Santillana en Trujillo. Estoy leyendo recien su Blog que hubiese querido hacerlo antes pero ya está..., muy interesante. Una pregunta cuando usted dice: "La Pastoral se debe expresar en un Plan Estratégico Institucional" quiere decir ¿Qué lo que yo conozco como proyecto pastoral debe preceder al PEI para ser un Colegio en Pastoral?
GRACIAS Y BENDICIONES.
Hola.
ResponderEliminarUn colegio en Pastoral debe ser un colegio que evangelice a través de la educación, por lo que no es posible plantear un PEI para un colegio católico que no involucre una conceción de la Pastoral.
La evangelización ha de ser un eje transversal que marca las relaciones entre los integrantes de la comunidad educativa, que tiñe los contenidos y los valores que se trabajan en las aulas buscando la integración fe-cultura y fe-vida. No es algo que se hace además de educar, sino a través de educar.
Saludos.